Armas de incomunicación masiva
Elijo esta frase y esta imagen de Leisa Reichelt para cavilar sobre tres o cuatro cuestiones centrales de este año.
- El crecimiento de los Facebook-like sin filtros ni cierta reflexión no parece autosostenible. Si todos somos amigos de todos, en realidad no tenemos amigos, y estamos ante un evento de extinción masivo de la intimidad amistosa.
- Las vueltas de tuercas que plantea Twitter (podés seguir a una celebridad, se hace foco en ideas de lo que te pasa en ese momento, no es lo mismo seguir a alguien que ser su amigo) tampoco son la respuesta. Twitter es un grito en la oscuridad, una súbita alineación de vectores, pero no mucho más que eso.
- El aspecto voyeurista de Facebook persiste pues en general el usuario no sabe manejar sus filtros. Y algo más: en un contacto personal, offline, uno corre riesgos simétricos con su interlocutor. Nadie puede alegar torpeza propia: quien dice una pavada ante quien te merece respeto, se arriesgó y perdió su chance. Pero Facebook tiene ese costado sinuoso que le permite al usuario arrastrarse en torno a contactos sin jugarse a decir o a hacer lo que corresponde. En el límite, Facebook supone una expectación infinita de un par de centenares de desconocidos que se alejan a la velocidad de la luz.
- Por qué somos una masa gelatinosa en Facebook que sólo puede adjudicar signitos de "Me Gusta"? Es tan políticamente incorrecto declarar que algo "No me gusta"?
- John Freeman se queja con estilo acerca de los correos electrónicos en su Tiranny of E-mails Pero el problema es otro, que la mayoría de la gente no sabe escribir o no sabe manejar audiencias diferenciadas -y ajustar a ellas su mensaje-.
- Vamos llegando al nudo de la cuestión? El medio puede ser otro, pero la mayoría de la gente falla en el mensaje. Se confunde el tono del email en la empresa, el timorato da vueltas eternas en un chat, la seducción de infinitas frases con puntos suspensivos o "caritas" descubre al galán irresoluto, o el uso indiscriminado de letras K revela a una descreída de la ortografía. De paso, los dos últimos ejemplos configuran la muerte del deseo -ya que más arriba se esboza algo sobre la muerte de la amistad-.
You may say that I´m a dreamer... pero todo esto fue hit en 2009. En síntesis, sufrí con la mezcla de ámbitos, me maravillé con ciertas cosas que llegan al mainstream y traté de ofrecer Kits de Supervivencia en Facebook. Pero llega Diciembre, un Diciembre con mayúsculas de fin de década. Antes de que repita mi usual post abolicionista de salutaciones navideñas, dejo como mensaje en la botella la impresión de que las nuevas formas de comunicarse son meras armas de incomunicación masiva.










